¿Qué hacemos ante un esguince de tobillo?

 Los esguinces son lesiones muy comunes, que se pueden producir en articulaciones que tengan ligamentos. Así pues, podemos hacernos un esguince en tobillos, rodillas, pero también en los dedos de las manos, por ejemplo. El mecanismo que los produce puede ser variado: desde un traumatismo que provoca un movimiento más allá de los grados normales de la articulación, hasta un movimiento inesperado que lleve a esa articulación más allá de sus límites.

Las estructuras que se dañan en estas lesiones son fundamentalmente los ligamentos, en el caso del tobillo más comunmente el externo, aunque también existen otras como la cápsula articular o las vainas tendinosas que se ven implicadas en la misma lesión. Los ligamentos son estructuras que evitan la luxación de las articulaciones, tanto por su estructura en sí, como por los receptores que existen en este tejido.

SÍNTOMAS:

Tras el esguince es frecuente sentir dolor al apoyar y a los movimientos del mecanismo lesivo, y también suele aparecer inflamación y edema. A veces se produce un hematoma por la rotura de arteriolas cerca del maléolo externo (la zona externa del tobillo).

Dentro de los esguinces cabe destacar que existen diferentes grados, y con ellos diferente gravedad de los mismos.

Grado I: estiramiento ligamentario.esguince

Grado II: estiramiento ligamentario y rotura parcial de éstos.

Grado III: rotura total de éstos, pudiendo producir una luxación.

MECANISMO DE LESIÓN:

Cuando nuestro tobillo es llevado a una posición extrema, normalmente hacia el lado externo (ya que el ligamento interno es mucho más potente) los receptores existentes en los ligamentos mandan una señal hacia Sistema Nervioso Central (SNC) informando que se excede ese rango normal de movimiento. La respuesta desde SNC es la de contraer los músculos peroneos para evitar que el tobillo se “doble”. Lo que puede ocurrir es que si el mecanismo es leve vuelva a su posición normal y podamos continuar caminando o corriendo, o que si hay excesivo peso o no esperábamos el mecanismo lesional, la articulación del tobillo vaya más allá de su rango de movimiento, se contraigan los peroneos “en balde”, y de este modo se produzca la lesión. Como ya hemos comentado, lesionaría el ligamento externo, los peroneos, pero también impactaría la articulación en sí, lo que nos produciría dolor por la compresión de la sinovial o cápsula articular.

TRATAMIENTO:

En las primeras horas solemos recomendar hielo. Colocar el pie en un pozal con agua fría y hielo durante 5-10 minutos durante 3-4 veces al día.

El reposo juega un papel importante en esta primera fase, así como elevarlo para favorecer el retorno venoso y evitar edemas importantes.

Posteriormente, pasada la fase aguda, a las 72 horas, comenzaremos con baños de contraste en un pozal con agua fría y hielo, y otro con agua caliente, pudiendo empezar a moverlo suavemente describiendo círculos, arriba-abajo…mientras la articulación está dentro del recipiente de agua caliente, de este modo realizamos una “gimnasia vascular” que ayuda a eliminar el edema y la inflamación residual.

Comenzaríamos Fisioterapia y Osteopatía, con el fin de desbloquear las disfunciones existentes, eliminar inflamación, devolver la movilidad y equilibrar el tono muscular. Desde la filosofía holística que nos proporciona la Osteopatía deberíamos revisar la movilidad y funcionamiento de otras articulaciones a distancia que se pueden ver afectadas por el mecanismo lesional. Un ejemplo sería: al “torcernos” el tobillo, se pone en tensión la cadena posterior que puede bloquear la cabeza del peroné y la articulación sacroiliaca, que se encuentra en la pelvis.

Para evitar recidivas o recaídas, se debe realizar una buena recuperación con ejercicios específicos de propiocepción recomendados y guiados por una Fisioterapeuta, para restablecer el buen funcionamiento de los receptores de los ligamentos.