¿QUÉ ES UNA TENDINOPATÍA Y CÓMO LA TRATAMOS?

corredorExisten diferentes términos para problemas aparentemente similares: tendinosis, tendinopatía, tendinitis, tenosinovitis… Según la Asociación Internacional de Reumatología se barajan los siguientes términos: paratendonitis, tendinosis, paratendonitis con tendinosis y tendinitis.

El primer término hace referencia a una inflamación aislada en el paratendón, la tendinosis es un proceso degenerativo producido a nivel intratendinoso por envejecimiento, microtraumas, compromiso vascular, y la tendinitis, una degeneración del tendón con roturas y respuesta inflamatoria en consecuencia. La mayoría de las veces se utilizaba el término “tendinitis” que englobaba a la mayoría de estos términos, pero los estudios en anatomía patológica, a nivel histológico, han llevado al empleo de los anteriores, en vista a los resultados. De hecho, en la mayor parte de los casos no se da un proceso inflamatorio, salvo en traumatismos agudos, lo cual nos llevaría a desechar el término “tendinitis” para la mayor parte de dolencias en estructuras tendinosas.

¿Pero cómo y por qué se generan este tipo de lesiones?

Se sabe que existen diversos factores que favorecen una degeneración del tendón, y una mayor predisposición a sufrir lesiones. Entre estos cabe destacar, la alimentación, edad, vascularización, microtraumatismos… La vascularización de estas estructuras anatómicas es escasa, si a ello le añadimos cualquier factor que la reduzca será probable que aparezca patología en él.

Una estructura ricamente inervada y vascularizada, raramente se ve afectada. Muchas veces escuchamos que por un desequilibrio postural se puede producir tal lesión, tendinitis… viendo desde el punto de vista global el cuerpo, y teniendo en cuenta un modelo de tensegridad, ¿no sería lógico pensar en que el problema puede no ser tan local y debemos mirar también a distancia? Evidentemente un problema local por fricción en el propio tendón, puede ser la causa, pero acaso un mal alineamiento producido por tensiones fasciales no puede ser la causa.

Destacaríamos distintas fases de la lesión, según su evolución:

– aguda (menos de 2 semanas)

– subaguda (4-6 semanas)

– crónica (más de 6 semanas)

Y en cuanto a la clínica se dan estas fases:

– Fase aguda: en un primer momento se da una respuesta inflamatoria y una pequeña hemorragia, generando una hipoxia breve para posteriormente por medio de la histamaina producir una vasodilatación.

– Fase proliferativa: donde aparecen células reparadoras (macrófagos, fibroblastos…).

– Fase de remodelación: puede durar meses, en función de la severidad de la lesión, y en ella se sintetiza colágeno tipo I, encargado de soportar las fuerzas tensiles.

La sintomatología es variable pero podríamos sintetizarla de este modo:

– Dolor tras el ejercicio, en un inicio de la lesión.

– Dolor durante la actividad física, cuando la lesión está más avanzada.

– Dolor en reposo y de forma prolongada, cuando se produce una cronificación de ésta.

Los tratamientos fisioterápicos y osteopáticos, en nuestro caso, dirigidos a estas patologías consistiría en intentar eliminar el factor mecánico y la causa del problema. En el caso de ser producido por tensiones fasciales o bloqueos articulares, deberíamos trabajarlos y devolver la movilidad a estos niveles (y de los que depende la inervación y vascularización de las estructuras implicadas en la lesión) mediante técnicas manipulativas, estiramientos, stretching global activo o inducción miofascial, por ejemplo, que eliminaría esas restricciones fasciales para posteriormente dedicarnos al tratamiento más local del tendón afectado, donde se pueden aplicar técnicas manuales, ultrasonidos, vendajes neuromusculares, entre otras. En fase más avanzada del tratamiento podemos iniciar ejercicios excéntricos y de propiocepción, para favorecer la reorganización de las fibras colaginosas y la vascularización.