EN BUSCA DEL ORIGEN PERDIDO DE LA LESIONES.

Cuando estudiamos los movimientos del cuerpo humano en primaria, secundaria e incluso en las carreras sanitarias universitarias se nos plantea un modelo biomecAuto-disecciones-por-Danny-Quirk-01ánico analítico en el que se reduce el movimiento a unas palancas traccionadas por unas cuerdas llamadas músculos, mientras, por otro lado se deja de lado al sistema nervioso central, las vísceras, la fascia… y sus relaciones entre las estructuras. Si nos paramos a pensar tiene sentido que un movimiento además de tener parámetros mayores: flexión y extensión por ejemplo, aparezcan movimientos de parámetros menores, pequeños ajustes en definitiva. Un ejemplo muy claro se da en determinados movimientos de dificultad añadida en los cuales se puede observar movimientos en zonas no implicadas en éste: un gesto de lanzamiento en una jugadora de balonmano puede conllevar, además de armar el brazo, una apertura de la boca, o la posición en extensión del meñique de la mano no lanzadora.

Debemos plantear que el cuerpo humano no está hueco, y así las vísceras se mueven junto a nuestro aparato locomotor, de este modo, y por sus íntimas relaciones anatómicas con el aparato locomotor no es de extrañar que puedan ser starter en determinadas disfunciones. Es lógico pensar que un movimiento en la zona lumbar donde se anclan inserciones de las vísceras abdominales tenga consecuencias de movilidad en éstas y viceversa.

Ahondando un poco más, las lesiones y disfunciones también vienen determinadas por ese modelo biomecánico, así cabe pensar en una lesión que se produce en el gemelo externo de nuestra pierna izquierda es provocada por un exceso de tensión en ese músculo, y esa zona lesionada. Pero se podría plantear que una restricción el fascia tóraco-lumbar, tejido conectivo que se continúa con la fascia glútea- tensor de la fascia lata y gemelos, pueda provocar la lesión definitiva en ese punto. La visión tan analítica nos hace perder muchas veces dónde se puede encontrar el origen de la lesión.

Las posturas mantenidas durante periodos de tiempo relativamente cortos pero perpetuadas en el tiempo, no levanta sospechas a nuestro sistema nervioso central, los receptores no captan esa acción como dolorosa, pero sí produce cambios, incluso a nivel histológico que se ven traducidos en una pérdida progresiva del movimiento y una deshidratación de tejidos. Por contra, movimientos bruscos sí alertan a nuestro sistema nervisoso central, veáse un estiramiento brusco. ¿Es esto el inicio de problemas como las hernias discales, por ejemplo?. Una persona que no está sometida a cargas ni traumatismos repetitivos, y por contra, está 8 horas sentada en “buena postura” ¿por qué llega a lesionar su disco? Esto nos debe hacer pensar de donde vienen tales lesiones, si por un desequilbrio muscular agonista-antagonista o por procesos más complejos fisiológicos.

Estas reflexiones me deben hacer pensar en qué es lo que queremos realizar un “chapa-pintura” en los y las pacientes o, por el contrario intentar afinar lo máximo posible y llegar a la disfunción que provoca la sintomatología.

Imagen: Danny Quirk